Ciertas excavaciones arqueológicas ponen de manifiesto la presencia de las pulseras en la prehistoria. Estos abalorios forman parte de los ajuares mortuorios. Los objetos que acompañarían al difunto en la otra vida. Esto refleja la importancia que ya tenían estas joyas en aquella época. Una joya que nos ha acompañado en todo este tiempo y que continúa teniendo relevancia en la actualidad. Así han evolucionado las pulseras a lo largo de la  historia.

Las pulseras han tenido diferentes significados dependiendo de la época histórica: Han indicado un nivel de estatus social, han tenido un sentido religioso o exotérico; se han utilizado en medicina, han indicado la pertenencia a una tribu o un clan; han simbolizado fidelidad sentimental, familiar o de amistad. Unos significados que han ido cambiando de una época a otra y que solo se pueden entender enmarcándolos en el contexto histórico.

En la península de Anatolia, la actual Turquía, sobre el año 3000 antes de Cristo, las pulseras de plata se consideran un amuleto de protección. El color de la plata recuerda al de la luna y se piensa que concentraba las energías del cosmos y de los cuerpos celestiales, protegiendo, de esta manera, a la persona que las llevaba.

En la misma época, aproximadamente, en Egipto, a los faraones se les engalanaba con todo tipo de joyas, entre ellas pulseras y brazaletes. El faraón era el representante de los dioses en la tierra. Un ser divino. Aunque las pulseras reflejaban su conexión con las deidades, sobre todo manifestaban el poder que ostentaba.

Las pulseras son mucho más que una joya. Son un objeto cargado de simbolismo. Tal vez por eso han sobrevivido hasta nuestros días. Vamos a ver cómo han evolucionado y qué papel cumplían, cogiendo algunos episodios históricos de referencia.

Las pulseras en la prehistoria.

Ediciones Universidad Valladolid cuenta cómo un operario descubrió dos brazaletes de la edad de bronce en 1832, durante las obras de ampliación del Canal de Castilla, en el término municipal de Cigales (Valladolid).

El Canal de Castilla es una obra de ingeniería civil diseñada durante el reinado de Carlos III, inaugurada en 1753 y concluida en 1849. Una red de canales y ramales navegables que pretendían facilitar el transporte del cereal castellano hacia el Cantábrico. Impulsando de esta manera, la industria naciente. El canal perdió relevancia en el momento en que se desarrolló el ferrocarril.

Las piezas de bronce encontradas se pusieron a disposición de la recién creada Real Academia de la Historia, con sede en Madrid, quien dató el hallazgo en la edad de bronce, debido a su similitud en cuanto a tamaño, forma y decoraciones, con otros objetos encontrados en Astorga y Villaverde de la Chiquita (León). Se planteó la posibilidad de efectuar prospecciones arqueológicas en la zona, pero la decisión se fue postergando en el tiempo.

Los brazaletes son de bronce macizo, de un aspecto tosco, de factura similar al de una herradura, pero con una forma parecida a los anillos, aunque de mayor tamaño. Con grabados en la parte frontal que parecen indicar la pertenencia a un poblado o clan.

Otros estudios arqueológicos reflejan que las pulseras se utilizaban cientos de años atrás. Presumiblemente en la época del neolítico, cuando el hombre se hace sedentario y comienza a practicar la agricultura y la ganadería. En esta época, antes de que se empezara a trabajar el metal, las pulseras se elaboraban con piedras agujereadas o conchas perforadas que se unían por medio de hilos o sogas finas de origen vegetal.

Estas pulseras tenían una función estética, pero es posible que también tuvieran un significado mágico o exotérico, se intuye que se utilizaban para ahuyentar los malos espíritus y para conjurar las fuerzas de la naturaleza para la protección individual o del clan.

Las pulseras en la antigüedad.

En Mesopotamia, Persia y el imperio Sirio eran habituales las pulseras y los brazaletes. Se fabricaban en metales nobles, como la plata y el oro, y llevaban incrustaciones de piedras preciosas. Indicaban el estatus social de la persona que los portaba.

Pero es el Antiguo Egipto el lugar donde más relevancia tiene esta joya. Ya que formaba parte del ajuar que lucía el faraón. Por extensión, el uso de las pulseras se va propagando por buena parte de la sociedad. Expresando la notoriedad social que tenía su propietario. Cuanto más cercano estuviera al faraón, o más relevancia ostentara su persona, más trabajada y más bella era la pulsera. Las pulseras egipcias se hacían en dos piezas de metal, a menudo simétricas, que se ensamblaban.

Es por medio del comercio con Egipto, como las pulseras llegan a la Grecia clásica, donde llegaron a ser unas joyas valoradas. Aquí se fabrican en una sola pieza, con forma de espiral, imitando una serpiente, y solían tener un significado religioso. Ya que con frecuencia tenían grabadas en su superficie imágenes mitológicas o escenas relativas a alguna leyenda de la mitología.

Como sucede con gran parte de la cultura griega, Roma la asimila y la extiende por todo el Mediterráneo. Las pulseras no son una excepción. Las pulseras de plata llegan a alcanzar una gran notoriedad en el Imperio Romano, donde se les adjudica una función medicinal. Aparte del sentido estético y de estatus social que ya tenían, se piensa, por entonces, que las pulseras de plata aceleraban la curación de las heridas y aliviaban los dolores de las lesiones y enfermedades.

Las pulseras en la India.

La presencia de las pulseras en la cultura hindú proviene de la antigüedad. Es un objeto cargado de simbolismo, y como cuenta el blog de la Sociedad Geográfica de las Indias, aporta gran información sobre la mujer que las lleva.

En la cultura hindú, no está bien visto que las mujeres lleven los brazos al descubierto, por lo que es normal que lleven varios pares de pulseras en cada brazo. Las pulseras informan sobre el estado civil de la mujer, sobre su estatus social, sobre sus creencias o sobre su maternidad.

Una de las tradiciones más arraigadas en la India es el de las pulseras matrimoniales. Cuando una mujer hindú se casa luce varias pulseras de cristal que hacen referencia a la fidelidad a su esposo. Estas pulseras son de color y expresan el sentimiento que para ellas representa el enlace. Las pulseras de vidrio verde señalan que la mujer se siente afortunada con su matrimonio; si son de color amarillo, que son muy felices, el color púrpura refleja sabiduría y las blancas, un nuevo comienzo. Cuando el esposo muere, la mujer rompe las pulseras.

Una costumbre en las bodas es la de que la de la familia del novio regala una pulsera de oro a la novia. En señal de bienvenida. Esta pulsera, la mujer no se la quitará en la vida, reflejando que la unidad con la familia del marido sobrevive al matrimonio.

En el norte del país se utilizan unas pulseras de vidrio verdes y rojas, que simbolizan fertilidad y que se la pone cuando está esperando un hijo.

Además de toda la información que proporcionan las pulseras, su tintinear en el brazo, anuncia la presencia de la mujer y la protege de las malas energías.

Las pulseras en los años 60 y 70.

En 1968, los Beatles viajan a la India, con la intención de participar en un retiro espiritual dirigido por el Maharishi Mahesh Yogi, un gurú del budismo. Aquel retiro, propuesto por George Harrison, el más espiritual de los 4 de Liverpool, fue tan fructífero, que inspiró la mayor parte del “White Album”, uno de los discos más influyentes de los Beatles.

Con este disco, los Beatles difundieron la cultura hindú y la integraron en el naciente movimiento hippie. Una parte de la juventud de todo el mundo empieza a interesarse por todo lo que viene de la India y de oriente. Su filosofía, su religión, sus tradiciones y, también su moda, su estética. Aquellos jóvenes la interpretan a su manera, fuera de la rigidez de la sociedad hindú, una sociedad dividida en castas.

El caso es que los brazos y antebrazos de mujeres y hombres jóvenes empiezan a llenarse de pulseras coloristas. De diferentes materiales y colores. Con materiales nuevos como la piel o el hilo trenzado. Las pulseras se convierten en un medio de expresión.

Las pulseras las llevan por igual mujeres que hombres, ya que la bisutería que popularizó el movimiento hippie rompía, en cierto modo, las barreras de género y cuestionaba los convencionalismos sociales. Era una estética más libre, menos normativa, más creativa y más personal.

Las personas con las joyas que se ponían, al igual que con la ropa, expresaban su personalidad. Sus inquietudes, sus preocupaciones, sus gustos. Las personas por medio de sus pulseras, y de otros complementos, informaban a los demás sobre ellos mismos. Con unos códigos menos evidentes, más abiertos a la interpretación, que el que utilizan las pulseras de la India.

Esta estética, sobre todo, lo que buscaba es que el individuo se sintiera a gusto con su estilismo, que se identificara con él. Un espíritu que ha permanecido hasta nuestros días.

Pulseras personalizadas. 

Precisamente esa personalización es lo que marca la joyería moderna. Hoy en día, las joyas que nos ponemos, incluidas las pulseras, buscan expresar cómo nos sentimos y cómo somos, integrando los complementos en una estética de conjunto. No se busca, como en otra época, que la joya acapare todas las miradas. Es una joyería más discreta. Pero sí se busca que la joya enriquezca el outfit con un toque personal y de distinción.

En este sentido se han puesto de moda las joyas personalizadas. Y de hecho hay muchas joyerías que se dedican a este producto, como Joyería Lorena, una joyería de Alaquàs (Valencia) que vende pulseras que hacen referencia a una profesión (profesora, enfermera, veterinaria), a unas aficiones (deporte, fiestas populares, aventuras) o que puede ir adaptándola la persona a su gusto.

Este es un tipo de joya que está alcanzando una gran popularidad. Ya que son joyas para uso cotidiano, que la persona las va a llevar con frecuencia, puesto que la se siente identificada con ella.

Del mismo modo, se han convertido en una de las opciones preferidas para regalar. Más allá de tener un detalle, estas pulseras transmiten un mensaje explícito, que la persona agasajada recibe como una tarjeta de dedicatoria.

Grabar las joyas, incluida una pulsera, cuando es posible hacerlo, es otra de las formas de personalización más extendida. Muchas joyerías prestan este servicio y no hay centro comercial que no tenga un stand donde se hagan grabaciones.

Este servicio se ha generalizado gracias a que ahora las grabaciones se hacen por ordenador. Con un pantógrafo electrónico conectado a la computadora, como si fuera una impresora, y con una vista previa que permite tanto al grabador como al cliente, ver cómo va a quedar la inscripción en el monitor del ordenador, antes de realizarla.

Las pulseras de Charm.

Si hablamos de pulseras personalizables, una de las opciones de mayor popularidad son las pulseras de charm. Un cordón de plata o de oro, que la persona puede ir configurando a su gusto con pequeños complementos con un orificio, que se atraviesan con el cordón, como si fueran las cuentas de un collar. Se llaman charm.

Estos charm que están fabricados con materiales de joyería, son figuras simbólicas que pueden hacer referencia a diferentes categorías: símbolos mágicos como un trébol de cuatro hojas o la mano de Fátima; objetos materiales como una casa o un coche; o figuras celestiales como una luna o una estrella.

Quien se compra o recibe de regalo una pulsera de charm, tiene en su muñeca una joya que puede ir creando y modificando a su gusto.

La casa de joyería danesa Pandora lanzó al mercado su pulsera de charm en el año 2000, y para el 2008 ya era una de las joyas más populares en todo el mundo. La revista Vogue Spain señala que se han vuelto a poner de moda. Estas pulseras se han vuelto a ver recientemente encima de las pasarelas.

 

 

 

 

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